La exposición que conmemora el » 600 aniversario del Hospital Real y General de Nuestra Señora de Gracia de Zaragoza», nos invita a mirar la historia del hospital. En este contexto se presenta el Retablo de San Lucas, una obra que resume de forma excepcional la relación entre arte, fé y práctica médica en Zaragoza del siglo XVI.
El Retablo de San Lucas y el Colegio de Médicos y Cirujanos
El retablo fué encargado en 1536 al escultor Florentino Giovanni de Moreto, para la capilla de la Cofradía de Médicos y Cirujanos de Zaragoza, ubicada entonces en el Hospital de Nuestra Señora de Gracia. Este vínculo no es casual: desde 1531, la Cofradía mantenía un acuerdo con el Hospital por el cual los médicos y cirujanos se comprometen a visitar personalmente a los enfermos, tanto en labores médicas como quirúrgicas.
El retablo funcionaba como un símbolo visual de la identidad profesional de estos sanitarios: una medicina entendida como servicio, responsabilidad y presencia junto al enfermo.
Presidido por la figura de San Lucas, evangelista y tradicionalmente considerado médico, el conjunto se completa con otros santos estrechamente vinculados a la curación y al alivio del sufrimiento: San Cosme y San Damian, San Pantaleón y en la parte superior derecha San Valentin.
San Valentín: más allá del amor romántico
San Valentín fue un mártir cristiano del siglo III que vivió en tiempos de persecución en el Imperio romano. Sacerdote y según la tradición también obispo, defendió el amor como compromiso y fidelidad, llegando a celebrar matrimonios en secreto y ayudando a quienes sufrían por su fe. Su vida terminó con el martirio alrededor del año 269 d.C., pero su legado perduró con el paso de los siglos, hasta convertirse en símbolo de amor.
Vivió en una época marcada por la guerra, la represión y la inexistencia de un sistema sanitario organizado, donde el cuidado de los enfermos recae en gran medida en comunidades religiosas, que ofrecían atención básica, acompañamiento y protección social.
Las fuentes hagiográficas describen a San Valentin como una figura cercana a los más vulnerables: enfermos, marginados y personas excluidas por su condición física o social. Su labor no se limitaba a la curación del cuerpo, sino que incluía el consuelo, la dignidad y la acogida del enfermo, elementos esenciales de la medicina premoderna.
Epilepsia y estigmatización: el “morbus sacer”
Entre las enfermedades asociadas tradicionalmente a San Valentin, se encuentra la epilepsia, conocida en la antigüedad como morbus sacer o “enfermedad sagrada”. Las crisis epilépticas, repentinas e incomprensibles para el conocimiento de la época, eran interpretadas como posesiones divinas o castigos sobrenaturales.
Quienes padecían epilepsia sufrían no solo la enfermedad, sino también el miedo, la exclusión y el rechazo social. En este contexto, San Valentín fue invocado como protector de estas personas, no tanto por una supuesta curación milagrosa, sino por representar una actitud distinta frente a la enfermedad: la del cuidado sin juicio.
Durante la Edad Media, esta asociación se consolidó, y San Valentín pasó a ser considerado patrón de las enfermedades nerviosas, simbolizando la defensa de la dignidad del enfermo frente al estigma.
El corazón: símbolo médico
La relación de San Valentín con el corazón no es casual. En la medicina antigua, el corazón se consideraba el centro de la vida. Durante siglos se entendió como el órgano donde se concentraban las emociones y el equilibrio vital, ya que no existía una separación clara entre los procesos físicos y mentales.
Desde esta visión histórica, la figura de San Valentín se vincula con una idea que sigue vigente en la medicina actual: la salud no se limita a la ausencia de enfermedad, sino que implica un bienestar global que incluye factores físicos, emocionales y sociales.
Desde esta perspectiva, San Valentín, lejos del tópico romántico, emerge así como símbolo del cuidado del otro, del compromiso con los más vulnerables y de una medicina que entiende la salud como un acto profundamente humano.
