SAN VALERO, PATRON DE ZARAGOZA

Sabemos que alrededor de San Valero se ha construido una leyenda, pero aun así, hay cosas que sabemos de manera precisa. Nació en Zaragoza en una familia rica a mediados del S. III, en un momento de tensiones religiosas. Gracias a su carisma y a través de la demanda popular, consiguió llegar a obispo y estar presente en el concilio de Elvira, el primero en Hispania. Con este acto confirmamos su relevancia en la sociedad del momento.

Aurelio Prudencio, gran poeta y quien cantó diversos versos de la “mitrada casa de los Valerios” nos ayuda a conocer la historia de san Valero, su destino y el de su ayudante, el diácono Vicente. El emperador Diocleciano, inició persecuciones al cristianismo por todo el imperio. San Valero será detenido junto a su diácono, ambos mandados a Valencia para ser juzgados por Daciano, el gobernador. San Valero fue finalmente condenado al exilio en el alto Aragón, hasta el 29 de enero del año 315, cuando falleció.

El lugar donde se encontraban sus restos fue considerado un misterio hasta el siglo XII, cuando el Obispo Arnulfo de la Ribagorza, afirmó haberlos encontrado en el Castillo de Estada a través de una revelación divina. En ese momento se trasladaron a la catedral de Roda de Isábena.

Antes de que todos sus restos volvieran definitivamente a Zaragoza, su brazo fue  la primera pieza en llegar (en el año 1121), que hizo que este santo se consolidara como protector de la ciudad. Cuarenta y tres años después, el cráneo también se trasladó a la capital, donde se le dejaría descansar en el busto-relicario gótico de La seo, cuya hornacina se baja dentro del retablo, para que los zaragozanos puedan contemplarlo de cerca durante la festividad.

Cabe mencionar que Zaragoza no tiene el cuerpo completo. La mayor parte de los restos óseos, junto con su túnica y su mitra, se encuentran en la Cripta de San Valero de la Catedral de Roda de Isábena (donde pasó su exilio), guardados en una arqueta de madera y esmaltes.

A lo largo de los años se han discutido sus representaciones, pero los expertos coinciden en que una de las más impresionantes es la del Frontal de Liesa, datado a finales del siglo XIII. Ahí se ve perfectamente en doce escenas el martirio y la muerte de San Vicente y, claro, en sus primeros episodios aparece San Valero.

Como curiosidad, en la provincia de Huesca, cerca del puerto de Coll de Fadas, se encuentra el único municipio aragonés que lleva por nombre San Valero. Está deshabitado, pero aún conserva los restos de una interesante iglesia del siglo XVII. Situada a 1.432 metros de altura sobre el nivel del mar, la localidad pertenece al municipio de Bisaurri. Cuentan que fue antes de la Guerra Civil cuando mayor apogeo vivió el municipio, si bien en su época dorada apenas llegó a superar los 30 habitantes.

“San Valero, ventolero y rosconero”, nos avisa del viento que suele acompañar estas fechas y del dulce tradicionalmente asociado a esa festividad, el roscón. A pesar de ser el dulce más popular y ser el que se reparte, tradicionalmente, con chocolate, en la plaza del Pilar, no es el único relacionado con el santo. Las lenguas de San Valero de más pequeño tamaño, hechas con una base de hojaldre con crema, hacen referencia a la supuesta tartamudez del santo, y son también un dulce típico.

La presencia de san Valero queda plasmada en diversos lugares de la ciudad. Muestras escultóricas y pinturas de varios autores pueden verse en espacios al aire libre y recintos. Así pues, podemos encontrarlo, entre otros lugares, en la puerta del ayuntamiento, donde se sitúa la estatua realizada por Pablo Serrano, una de las más reconocidas, donde el Santo aparece con la mitra y el báculo que lo caracterizan.

Cada 29 de enero se organizan celebraciones litúrgicas en su honor. La fiesta, sin embargo, trasciende lo estrictamente religioso. Zaragoza le rinde homenaje con una jornada que combina fe, historia, cultura y vida popular, en la que se puede disfrutar visitando los diversos museos y edificios emblemáticos que abren sus puertas a la ciudadanía, y asistiendo a los conciertos, espectáculos y comparsas de gigantes y cabezudos que se ofrecen.